Es bueno saber que estás ahí: homenaje al Dr. Sid Watkins

Así se formó y evolucionó la categoría reina del automovilismo.

Es bueno saber que estás ahí: homenaje al Dr. Sid Watkins

Mensajepor carter18 » 17 Septiembre 2012, 19:01

El pasado miércoles el Dr. Sid Watkins falleció a los 84 años de edad. Sería difícil encontrar un personaje cuyo trabajo haya impactado tanto a la Fórmula 1 (o a cualquier otro deporte), como este neurocirujano de Liverpool, quien fungió durante 27 años como el Delegado Médico y de Seguridad de la FIA. Las aportaciones del Profesor Watkins abarcaron todos los aspectos imaginables de la seguridad de pilotos y demás participantes de un Gran Premio: logística y protocolos en la atención de emergencias y traslado de heridos, entrenamiento a los equipos de socorro, recomendaciones en la construcción y modificación de circuitos y coches y, claro, la atención inmediata de los lesionados en los accidentes.

Hoy en F1 Actual queremos celebrar la vida de este hombre extraordinario, a quien deben la propia pilotos como Nelson Piquet, Gerhard Berger, Martin Donnelly, Rubens Barrichello, Mika Hakkinen y varios más.

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El profesor (o simplemente “Prof”, como casi todo mundo le llamaba) Sid Watkins llegó a la Fórmula 1 en 1978, luego de ser invitado por Bernie Ecclestone para conformar un grupo de atención médica que se encargara de la seguridad de los pilotos. Este grupo sería independiente a la organización de cada circuito y acompañaría al Gran Circo a cada carrera. Ese mismo año, durante el Gran Premio de Suecia, el grupo médico del Prof hacía su debut. Las condiciones en las que el equipo debía trabajar eran lamentables, con enfermerías improvisadas en remolques o tiendas de campaña y con apenas material para atender una emergencia. Gracias al impulso de Watkins, todo ello iba a cambiar y pronto.

Después del terrible accidente en la arrancada del Gran Premio de Italia de ese mismo año, que eventualmente le costaría la vida Ronnie Peterson, el Profesor Watkins exigió a Ecclestone modificar los procedimientos médicos que se seguían en los Grandes Premios. La muerte de Peterson seguramente se habría evitado si la policía hubiese permitido que el equipo de rescate interviniera con oportunidad, pero en lugar de ello retrasaron la atención. El Prof quería la libertad de acción para trabajar sin depender del humor de las autoridades locales o de la disposición de los encargados de los circuitos. A Ecclestone se le pueden echar en cara millones de defectos, pero falta de interés en la seguridad de los pilotos no es uno de ellos. A pesar la reticencia de los responsables de los circuitos, Bernie decidió dar su completo apoyo a Watkins y lo siguió haciendo durante casi tres décadas.

Así, en la siguiente carrera de esa temporada, el Gran Premio de los EEUU, la F1 estrenó un elemento que ahora damos por descontado: el Doctor Car, a bordo del cual viajarían el propio Prof y su flamante anestesiólogo (enfundados, por cierto, en trajes prestados por Jody Scheckter y James Hunt!). A partir de ese punto la preparación médica para los Grandes premios se fue incrementando notablemente, introduciéndose mejoras tales como el helicóptero médico (inicialmente solo disponible los domingos y después durante todo el fin de semana), la logística con los hospitales cercanos a los circuitos, a los que desde entonces se envían por adelantado los historiales médicos de los pilotos y unidades médicas completamente equipadas en los circuitos. Una auténtica revolución.

Prácticamente todos los involucrados en el mundo de la F1 desarrollaron una gran estima por el Dr. Watkins, no solamente por las aportaciones de las que hemos hablado, también por la inusual cercanía que construyo con pilotos y sus familias. Watkins no solo era la cabeza de un estupendo equipo de emergencias en el que los pilotos podían confiar el fin de semana de carrera, también era, para todo fin práctico, el médico de la familia para la mayoría de los hombres que compitieron en la F1 entre 1978 y 2005. Esta cercanía era muy apreciada por los pilotos y sus familiares en las situaciones cotidianas (torceduras y malestares estomacales, por ejemplo), pero tomaba una dimensión completamente diferente cuando la F1 se topaba con momentos trágicos.

Uno de esos momentos fue el accidente que le costó la vida a Gilles Villeneuve en la clasificación para el Gran Premio de Bélgica de 1982. Villeneuve regresaba a boxes después de un último intento de vuelta rápida, cuando se encontró con el coche de Jochen Mass. La Ferrari voló por encima del March y comenzó a dar giros, desintegrándose y proyectando a Gilles contra una reja de protección. Cuando el Prof y su equipo arribaron a la escena del incidente, las primeras revisiones indicaban que no había nada que hacer, Gilles había sufrido una lesión cervical fatal. Watkins intubó y arregló el trasladó del piloto a un hospital en Lovaina y allí se comunicó a Mónaco con Joann, la esposa de Villeneuve, para contarle lo ocurrido. El Prof sería el encargado de recibir a Joann en el hospital por la noche de ese mismo día, explicarle la situación y convencerla de autorizar que Gilles fuera desconectado del respirador. El Prof acompañó a la desesperada esposa mientras se realizaba el proceso. Villeneuve sería declarado muerto minutos después.

Un mucho mejor final tendría el incidente protagonizado por Mika Hakkinen trece años después, acontecimiento que el propio Watkins calificaría como la acción más satisfactoria de su carrera profesional. Durante la clasificación del viernes para el Gran Premio de Australia de 1995, que entonces aún se corría en Adelaida, Mika Hakkinen perdió el control del su McLaren debido a una goma pinchada y se impactó contra el muro de neumáticos que protegían la entrada a la recta Brabham. De tal severidad fue el golpe, que el finlandés se fracturó el cráneo. Cuando el Dr. Watkins llegó al lugar del accidente encontró a un Hakkinen con severos problemas respiratorios. Debido a la lesión en la cabeza, era imposible intubarlo, por lo que el Prof decidió realizar una cricotirotomía en el mismo lugar del accidente. Durante el proceso de atención, el corazón de Mika se detuvo en dos ocasiones y en dos ocasiones el Prof y su equipo consiguieron volver a ponerlo en marcha. Hakkinen sería trasladado al hospital en donde recuperaría la conciencia por la mañana del siguiente día. Como ya era costumbre, el Dr. Watkins fue el primero en hablar con el paciente para contarle lo ocurrido. Mika se perdería el resto de esa temporada, pero regresaría a partir del siguiente año y eventualmente ganar dos veces el Campeonato de Mundo.





Quizá derivado de su edad (debutó en la F1 ya con cincuenta años), el Prof solía desarrollar una relación casi paternal con algunos pilotos, aunque con ninguno más cercana que la que tuvo con Ayrton Senna. Muy pronto en su carrera en la F1, Senna requirió de los servicios de Watkins, aunque por un asunto que en principio nada tenía que ver con las pistas. Senna padecía de una infección viral que le provocaba parálisis facial y los responsables del equipo Lotus pidieron a Watkins se encargara del tratamiento de Ayrton. El Prof les sugirió que se calmaran, que la infección pasaría y que el paciente estaría bien, una respuesta que en Lotus no se esperaban. Cuando le insistieron que se tomara alguna medida, ya que Senna no podía cerrar uno de sus ojos, Watkins se limitó a contestar: “si yo fuera dueño de un equipo, me gustaría que mis pilotos mantuvieran sus ojos siempre abiertos”. Obviamente la condición de Senna mejoró y este primer contacto con el “Prof” no sería el último. Ambos desarrollarían una entrañable amistad, de la que mucho se ha hablado y escrito y en la que no abundaremos más aquí, en todo caso, les recomiendo vean, si es que no lo han hecho, el extraordinario documental “Senna” de Asif Kapadia en el que el Dr. Watkins tiene una destacada participación.

La vida del Prof estuvo llena de anécdotas como las relatadas en los párrafos anteriores, que espero hayan podido aproximar lo involucrado que estaba en su trabajo y lo agradecidos que estaban con él su célebres pacientes. Pero quizá la mejor manera de describir lo que Sid Watkins representaba para la Fórmula 1 es recordar la junta de pilotos previa al Gran Premio de la Gran Bretaña de 1985. En esa reunión le fue entregada a Watkins una charola de plata a manera de homenaje. En el trofeo aparecían grabadas las firmas de los pilotos de esa temporada y las frases:

Para “el Prof”, con nuestro agradecimiento por su invaluable contribución a la Fórmula 1.

Es bueno saber que estás ahí
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http://f1actual.com/2012/09/homenaje-sid-watkins
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